Ayer, jueves 25 de septiembre, el pronóstico del tiempo anunciaba 27 grados de máxima. Ayer, jueves 25 de septiembre, salí con mi tenida veraniega y terminé congelada en los balcones abiertos de la Escuela de Periodismo.
Quienes digan que la primavera es maravillosa porque salen las flores, comemos asado y nos enamoramos cual planta naciente, es una mentira del porte de un trasero de modelo. Hoy, viernes 26 de septiembre, llueve otra vez y el campus se vuelve un pantano insoportable. Menos ganas de despertar, de salir a caminar y de mostrar los brazos blancos y las piernas recién depiladas. Entonces comprendemos, finalmente, que la primavera es una cosa revolucionaria, en donde el tiempo meteorológico se va en collera y acaba con nuestras ilusiones de sol y flores.
En cuanto al amor... ¿Será cierto eso de que el amor aumenta con la primavera? Probablemente sí, aumenta. Los rayos solares nos llenan de vida, aunque muchos se quejen del calor. Pero tenemos esa suerte rancia de Hemisferio Sur: la estación coincide con el fin de año. Es decir, cuando andamos preocupados de finiquitar nuestras metas con éxito; calculando la Navidad y el Año Nuevo; decidir a dónde iremos de vacaciones... ¿Es que no hay remedio para tanto gasto? ¿Acaso nacimos con el signo peso tatutado en nuestros muslos y nalgas, lugares corporales donde van los bolsillos?
Y las alergias... ¡Cuántos son los tristes mortales que estornudan a cada rato y sufrimos con ellos diez kilómetros a la redonda! ¡Cuántos son los enfermos crónicos que no pueden transitar por Providencia porque está lleno de plátanos orientales! La nariz sufre con el polen de la vida. La garganta se resiente y el mundo tose sin parar. Hay personas que se ahogan en el mar de colores y olores que no se distinguen por la picazón en los ojos y los conductos nasales obstruidos...
La revolución primaveral, tan edulcorada por la humanidad, termina siendo la tortura anual. Sigue lloviendo, sigue el frío, sigue la alergia, sigue la publicidad. Saldrá el viejo pascuero penando en las billeteras. Sacaremos las tarjetas de crédito cual partida de póquer. Nos acostaremos, enfermos y estresados, prenderemos el televisor y sintonizaremos alguna película sobre una romántica pareja que se enamora en primavera.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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